lunes, 23 de junio de 2014

Rolfi Montenegro, el último gran ídolo de Independiente


Rolfi Montenegro, el último gran ídolo de Independiente


Por: Rodrigo Tamagni                     rtamagni@playfutbol.com

Jugador de paladar rojo. Parte fundamental del mejor equipo de los últimos 15 años. Capitán. Goleador. Exquisito. Arriesgando su prestigio y, aún jugando mal, puso la cara en el peor momento del club. Entre tanta negatividad, a no olvidarse quién es uno de los futbolistas más representativos del club. Una idolatría que da certezas objetivas del momento que atraviesa el club. Gracias 'Rolfi'


Crédito: DyN
Es una idea que empezó a gestar hace varios meses. Que tiene aristas negativas y positivas. Que pinta, de manera más o menos objetiva, la situación que vive el club. El 'Rolfi' Montenegro es el último gran ídolo del club. Esta concepción tiene su génesis en la mismísima bronca. Cuantos más pases erraba y la irritabilidad trasladaba la situación a un presente absoluto, a tal punto de coquetear con la reprobación. Cuando casi no existían permisos para observar todo el panorama, decidí parar la pelota. A pensar antes de enfadarme por su rendimiento. Y ahí todo su currículum, que está teñido de rojo, se me vino encima.

Montenegro es el último ídolo de Independiente. Hablo de último por orden cronológico. No es que ose olvidarme del 'Gaby' Milito, a quien considero, no sólo un ídolo, sino el ejemplo de lo que debe ser el club. Tampoco dejo de lado al 'Kun' Agüero. Pero aún sometiéndome a la posibilidad de la desaprobación masiva, sostengo que hoy por hoy el 'Rolfi' es más para la historia del club. Situación que seguramente quedará de lado cuando el 'Kun' vuelva a escribir páginas de su vida con la roja.

Con esa premisa como idea base, hay que comenzar recordando algunas cosas antes de que tiren la chapa de Bochini, Trossero, Erico, Pastoriza, y tantos otros nombres que nos hicieron enormes, por la cabeza. Un título local y una Copa Internacional del 2000 para adelante. Equipos prestados. Jugadores de paso. Dirigentes nefastos. Temporadas más cercas del infierno real, que del infierno encantador. En ese jardín repleto de barro, pocas flores crecieron. Y el 'Rolfi' fue una de ellas.

La historia de principio a fin tiene varias defensas de la propuesta original. Su estilo de juego respeta el paladar rojo del hincha. En esas dos escasas alegrías que tuvimos en los últimos años, él fue fundamental en una. Siendo parte, para más elogios, de una formación memorable hasta para hinchas de otros colores.

Siempre pegó la vuelta, sin importar el proyecto deportivo. "Volvió por la plata", saltarán enardecidos los defensores del amateurismo de antaño, mientras gritan goles del Barcelona o Bayern Münich, sin comprender que la globalización atraviesa también al fútbol (hinchas y jugadores por igual) y que este deporte, el más lindo del mundo, se convirtió en un trabajo, privilegiado, cierto, pero regido por el vil metal y el capitalismo. Lo que no quita que exista un ínfimo amor por la camiseta. Inigualable al de los antiguos caudillos. Pero si aún quedan resabios del 'amor por la camiseta', Montenegro me demostró tenerlo en esta última, y nefasta, temporada.

¿Por qué? Aunque su rendimiento fue pésimo (jamás escaparía a reconocer que estuvo lejos de las expectativas y que fue el triste abanderado futbolístico del peor momento del club), él no escondió la cara. Jugó mal, muy mal (aún así fue el goleador del equipo y anotó uno clave), erró más pases de los que acertó. Pifió. Las cosas le salieron mal, es cierto, pero... ¿A quién le salieron bien?

El inédito mote de 'pecho frío', el cual no entiendo, y la crueldad del presente absolutista genera amnesia y coloca en el hincha anteojeras similares a las de los caballos. Y como intento que no me gane el exitismo (en este caso el negativismo), recuerdo su historia: goles en los clásicos, su despliegue marcando en un área y dando el pase de gol en la otra, las gambetas, las asistencias mágicas, las veces que nos levantó de las butacas en cada arranque. Para coronarla: vino a pelear el descenso, cuando las papas quemaban, se quedó con el equipo en la B y disputó el 99% de los partidos en esa categoría; se identificó con el club.

Ante todo esto, no queda más para afirmar que Montenegro es el último gran ídolo de Independiente. Un ídolo con los lauros acordes a las últimas décadas de la institución. Un ídolo que nos da la certeza de que atravesamos el peor momento. Se extinguieron los Bochini, los Trossero, los Erico, los Burruchaga; apareció Montenegro, una pequeña luz entre tanta oscuridad. Exijamos que se prendan más lamparitas y que el 'Rolfi' quede relegado por un mejor presente. Mientras tanto, gracias Daniel Gastón Montenegro, no se olvidará de que fuiste uno de los pocos que nos recordó lo mínimo que hay que tener para jugar en Independiente en el período más funesto.