martes, 13 de septiembre de 2016

Ezequiel Barco en Olé: "Cuanto más me pegan, más juego"

Ezequiel Barco no se achica por los golpes de sus rivales porque confía en su fútbol. Olé te cuenta la historia del pibe de 17 años al que Gabriel Milito subió a la Primera del Rojo y ya marcó un golazo ante Godoy Cruz.

Lo más complicado fue rendir las materias en diciembre. Me costaba mucho, sentía que no podía hacerlo. Pero puse la mente en frío y pude aprobar para pasar de año”. Con una sonrisa pícara, propia de un adolescente de 17 años, Ezequiel Barco explica que sintió más temor al momento de presentarse en la mesa de examen de la Escuela media n° 12 de Avellaneda, en busca de pasar a tercero de bachiller, que en el momento de debutar en el estadio de Independiente, al reemplazar a Cebolla Rodríguez frente a Godoy Cruz.


El oriundo de Villa Gobernador Gálvez, un pueblo ubicado a diez kilómetros de Rosario, recibió una enseñanza que le servirá para el futuro: superarse para lograr los objetivos personales. A fin del año pasado atravesó uno de esos momentos límites para un joven estudiante y aprobó cinco de las siete materias -Inglés, Dibujo y Matemática, entre otras- que había reprobado durante la cursada. Así, ajustó las fallas cometidas y se garantizó la continuidad en la pensión de Independiente durante este año. Esto se debe a que en el club se impuso una regla tácita por orden de la directiva: “Jugador que repite el año, se va”.

El Tirri llegó al Rojo en 2015, cuando lo trajo Jorge Griffa -coordinador de Inferiores- desde su academia rosarina. Atrás habían quedado las pruebas insatisfactorias en Boca y River cuando era chiquitito. Su historia es la de un pibe que ganó ese partido personal, que aprendió el valor del sacrificio y por ello logró esta irrupción precoz en el ámbito profesional. Para ello, tuvo la virtud de adaptarse a las exigencias educativas y de convivencia, tras ser corregido con retos y normas. Hoy muestra un crecimiento y como agradecimiento, lo reconoció con un gesto elocuente: le dedicó el gol a los pibes de la pensión.

Esa inconsciencia y el desparpajo que tenía, fueron reservados para la cancha. Allí navega sin ancla y exhibe una habilidad de potrero que padecen sus rivales, como el pobre de Juan Andrada, quien sufrió un caño fenomenal. “No tenía salida para ningún lado y no me quedó otra que tirarlo”, contó. Y como represalia recibió una patada que aún le genera dolor en la pierna izquierda. Pero esos golpes lejos están de intimidar al chiquitín de 167 centímetros. Al contrario, lo potencian. El ejemplo es la noche del sábado. Allí, en plena luna de Avellaneda, Barco consiguió su primer gol en Primera. “Recibo patadas en los entrenamientos y partidos. Me estoy acostumbrando a todo. Un jugador de Sexta no tiene la misma fuerza que uno de Primera. Igual, cuanto más me pegan, más juego”, afirmó en ESPN FC.

El coraje de su afirmación se sostiene con jugadas y lujos de un aspirante a crack. Ayer, realizó un golazo en la práctica al definir por encima de Albil: “Se la piqué y él estaba un poco enojado, ja. No tenía ángulo, él estaba muy bien parado, y no me quedó otra”. Así es Barquito, un atorrante de la pelota que se está adaptando a Primera y a otro tipo de vida. Hace diez días, se mudó con su papá a un departamento de Barracas, pero no deja de presentarse cada mediodía en la pensión para ir en micro al colegio con sus cumpas, sus aliados en la búsqueda de un sueño que -esta vez- se pudo hacer realidad.

“Me emocioné cuando hice el gol y después, con la ovación de la gente”, detalló el dueño de los elogios de Milito y el plantel. Ahora, lo espera otro camino, el del crecimiento sostenido. Por lo pronto, ya conoció la importancia de reponerse a los golpes dentro y fuera de la cancha. Y en ese sentido, que se mantenga en las aulas será una ayuda extra: “No es lindo ir al colegio, pero hay que estar siempre ahí. Fernando Langenauer me obliga a ir. Yo le hago caso, tengo que terminar”.

YO DIGO: FERNANDO LANGENAUER (Coordinador de la pensión)

La importancia del estudio

Cuando empezamos a trabajar en 2015 uno de los primeros objetivos que nos trazamos fue mejorar los malos hábitos que tenían los chicos que vivían en la pensión. Por caso, había más de un 90% de repitencia porque no iban al colegio. Entonces, armamos un equipo de contención pedagógico y psicológico, bajo una norma del club: “Jugador que repetía, perdía el lugar en la pensión”.

Ezequiel vino de su pueblo sin los mejores hábitos. Trabajamos muy fuerte con él, al igual que con los 74 chicos restantes. Había muchos inconvenientes en general y actuamos. Uno de los focos principales era mejorar e inculcar la importancia del estudio. El había repetido y nos metimos de lleno para que progrese. En el medio, tuvo un inconveniente en una rodilla, que lo dejó sin jugar casi cuatro meses. Lo recuperaron sin operarse y volvió para las últimas fechas del torneo pasado. Jugó muy bien y ganó el premio al mejor jugador del club en su categoría, sin haber estado en la mitad de los partidos.

El click más fuerte fue a fin del año pasado. Se llevó siete materias, se esforzó y se concentró para rendir porque sabía que se quedaba sin la pensión. Entonces, fue a rendir y aprobó cinco. Tuvo un gran crecimiento y lo felicitamos. Ahora le aconsejamos que no pierda la humildad y la nobleza que lo caracteriza, y que hay decisiones que son de los adultos. Por eso, celebro que haya venido el papá a vivir con él porque es una contención. Y que haga rutinas de un joven, como ir al colegio, porque le hará muy bien a su formación.

YO DIGO: NICOLAS FIGAL (Compañero y padrino)

Personalidad para jugar

A veces me veo reflejado en él porque estuve en la misma situación. Viví en la pensión de chico, lejos de mi familia, durante las Inferiores. Este año me tocó ser el padrino de él y por suerte nos llevamos muy bien, siempre lo paso a buscar para venir a entrenarnos. Trato, a pesar de mi corta experiencia, de darle los mejores consejos. Sé que tenemos que ayudarlo entre todos porque es muy chico.

Ante Godoy Cruz empezó a demostrar la calidad que tiene. Además, cuenta con una gran personalidad para jugar y bancarse los golpes. La verdad es que estoy muy contento de ser su compañero.