lunes, 30 de marzo de 2015

Mancuello, el de los nuestros que llegó y nos obligó a mirar la Selección.

Por: Rodrigo Tamagni      rtamagni@playfutbol.com

Hacía rato que no nos poníamos la de la Selección encima de la del 'Rojo'. Claro que hay una mentira encubierta: teníamos la cinco de Mancuello, el de los nuestros que se corrió del sistema y llegó. Un laburante como cualquiera que no se corrompe con el 'Cristianismo Ronaldo' que gobierna al fútbol. Humildad, sacrificio y espejo de un sector de la sociedad que no renuncia a los sueños. /"INFOBAE", "PLAYFÚTBOL".


A menudo nos cruzamos. Vos, yo, ese que está por ahí rondando. En el subte, en el bondi, en algún choque de hombros sin pedir perdón por el desenfrenado ritmo que nos obliga a ser unas especies de hormigas en fila previa a la tormenta. Los que tenemos al fútbol como una filosofía, que nos refleja, con lo mejor y lo detestable de cada uno. Los que vestimos la remera de nuestro club como un culto a cierta ideología.

Te alegrás cuando aparece un fuera de serie que nos puede llenar de guita. Claro, nos incluimos en los millones que va a recibir Independiente -aunque en esta nota el club simplemente es un contexto secundario-. Pero no lo sentís un par, lo ves galáctico. Más cercano al pelo bien cuidado de Cristiano Ronaldo, que a la remera sudada tuya, de tus viejos o de algún conocido que vuelve de laburar. Aunque su historia detrás sea la más humilde del sitio más recóndito de la Argentina más olvidada.

Este caso es distinto. Lo vive como lo haríamos nosotros. No lo corrompió por completo el sistema del mirar videos para verse el look y los tatuajes, más que buscar errores propios. Declara con la timidez que nos invadiría a nosotros si de la noche a la mañana, y como una patada mágica en el culo, nos mandaran a la cima de uno de los clubes más importantes del país. Y más: mira a esos que la tierra saca de vez en cuando igual que lo haríamos nosotros. A Messi, Agüero. Usa la celeste y blanca soñando ser Messi, ese con el que el único cordón umbilical que lo une es que el segundo nombre de ambos es Andrés. Mientra tanto, los pibes -¿y por qué no los grandes también?- se ponen la del Rojo soñando con ser él. Andrés, igual que, casualmente, otro oficinista.

Porque Mancuello es 'el de los nuestros' que llegó. Genera empatía. Conoce los valores que tienen los hinchas, porque nunca se pudo sumergir en el mundo del futbolista porque él también es una hormiga en ese planeta extraño que pone en la cumbre de las irrealidades a pibes que no conocen otra forma de vida. La religión de culto: el 'Cristianismo Ronaldo'.

El pibito que corría mucho por la zurda y era un aceptable volante, laburante por sobre todas las cosas, vive un sueño. Le salen todas. Y lo valorable es que no se la cree. La cabeza sigue sobre los hombros. Ése es su principal atributo. Lo demuestra al declarar. Asegura, una y otra vez, que vive en una especie de fantasía. Ya no importa si mañana toca nuevamente la pelota de Space Jam y le devuelve todos las aptitudes a los fantásticos. Respeta lo que te enseñó tu viejo sobre el Rojo y eso vale más que la esperanza de títulos en estas décadas de vacas raquíticas.